Día 1 – El Calafate

Salir un primero de enero de vacaciones podía ser un desafío. Me imaginaba antes de salir problemas para llegar al aeropuerto al no poder conseguir colectivos o un taxi. Sin embargo, tuve suerte y madrugando lo pude resolver. Aeroparque estaba sorprendentemente calmo y sólo restaba esperar a que salga el vuelo rumbo a El Calafate.

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Voces en todos los idiomas posibles se escuchaban en el avión de LAN menos en español. Italianos, brasileros, asiáticos, alemanes, estadounidenses, ingleses y muchos más partían conmigo a esta aventura. Sin demoras, el vuelo llegó al modesto aeropuerto de El Calafate a las 2.30 pm y sólo había que encontrar valija. Tomé una combi para llegar al pueblo que me dejó en la puerta del hostel Nakel Yenu, uno de los mejores rankeados que había encontrado en Internet.

Mucha amabilidad pero pocos servicios definen bien al hostel. Estoy en una habitación para cuatro personas (todavía no conocí a mis compañeros) con baño compartido por el resto de los viajeros. Antes de viajar, ya había reservado las excursiones con el hostel y habiendo pasado por las agencias de viaje me alegro de haberlo hecho. Son largas las filas de turistas en busca de sus paseos.

Al haber llegado a la tarde, no tuve el tiempo suficiente para hacer excursiones así que me limité a recorrer el pueblo y tener una primera impresión del mismo. La avenida Del Libertador General San Martín concentra a toda la vida de El Calafate. Restaurantes, agencias de viaje, tiendas de souvenirs y heladerías compiten por atraer a los visitantes, que quizás al ser extranjeros no se sorprendieron tanto de los precios como yo.

El Calafate parece uno de los tantos pequeños pueblos patagónicos pero que el turismo lo transformó completamente. Casas rusticas conviven con hoteles de lujo que atraen a visitantes de todo el mundo que llegan a ver los glaciares y comer algo de carne argentina. Todo en el medio de la quietud patagónica y el famoso viento del que tantas veces habló Cristina.

Estando el Perito Moreno a 80 kilómetros, el mayor atractivo turístico del pueblo es su rambla (la costanera Presidente Doctor Néstor Kirchner) que bordea al Lago Argentino. Llama la atención el mal estado y el abandono de la construcción o renovación de la costanera, que parece haber empezado pero nunca terminado. Pero la fascinante vista al lago con el viento pegando en la cara hacen olvidar de eso.

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Mañana jueves será el primer día de excursiones. A las 7 de la mañana (si, tan temprano) comienza la excursión “Estancia Cristina” que incluye las supuestas mejores vistas panorámicas de los glaciares y un recorrido alternativo a la locura turística que invade a muchos por acá. Esperemos que así sea, mañana hablamos y les cuento.

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Acerca de ferminkoop
Periodista, viajero y lector. Colaboro para varias publicaciones de Argentina

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