Alergias, ¿la epidemia del siglo XXI?

Ocho millones de argentinos padecen rinitis alérgica y los números siguen creciendo. Según los especialistas, la enfermedad dejó de ser estacional.

Constantes estornudos, picazón y congestión de la nariz, sensación de ardor en el paladar, ojos llorosos y con ardor y mucho sueño a lo largo del día. Estos son sólo algunos de los síntomas de la rinitis alérgica, enfermedad que aumenta su prevalencia durante la primavera pero que por el calentamiento global ya está presente en todo el año.

De acuerdo a estadísticas de la Asociación Argentina de la Alergia, dos de cada 10 argentinos adultos padecen la enfermedad, la cual ha tenido un aumento considerable en la última década en todo el mundo. En diez años, la prevalencia en Argentina aumentó un 40% y el pronóstico hacia el futuro es poco alentador.

“Cada vez hay más casos porque la alergia es una inflamación producto de la relación entre el individuo y el medio ambiente. Los cambios en el ecosistema a partir del calentamiento global generan más alergia. Antes la polinización se hacía en un período de tiempo bien definido pero ahora se extiende y eso deriva en más casos”, sostiene Marta Seoane, médica del departamento de alergias e inmunología del Hospital de Clínicas.

Por definición, la rinitis alérgica es un trastorno sintomático de la nariz producido por la inflamación de la mucosa nasal a partir de la exposición de la persona a diferentes alérgenos a los cuales es alérgico. En Argentina los elementos que más disparan la alergia son los ácaros del polvo doméstico, los hongos, las cucarachas y fundamentalmente el polen.

“Hay ciertos factores irritantes que empeoran los síntomas como el humo de tabaco y los aerosoles desodorantes ambientales. Hay que educar a los niños y a la familia entera para que reconozcan sus desencadenantes específicos, sean estos alérgenos o irritantes contaminantes”, afirma Mónica De Gennaro, presidenta de la Asociación Argentina de Alergia e Inmunología.

El diagnóstico es la herramienta más importante para la prevención y consiste en varios pasos. El médico encarga un dosaje en sangre de la inmunoglobulina “E” mediante el cual puede conocer la predisposición de la persona a la alergia. Además, se debe realizar un test de alergia y se evalúa la incidencia de determinadas sustancias en el paciente.

Una vez que se identifico el caso, se deben realizar tres tipos de tratamientos. “Si ya se sabe que sustancia le hace daño a la persona, hay que hacer una prevención para tratar de evitar el contacto con la misma. Además, se le da al paciente un medicamento para que los alérgenos ingresan lo menos posible al organismo y se aplica una vacuna con los elementos que generan la alergia”, describe Seoane.

Muchas de las personas que padecen rinitis alérgica no saben lo que tienen y piensan que es simplemente un resfrío común. Sólo un 10% de los pacientes que consultan por primera vez a un especialista lo hacen en el primer año de la enfermedad y el 40% demora 5 años. “El médico debe realizar un diagnóstico correcto. Los resfríos tienen como síntomas decaimiento y fiebre, algo no habitual en la rinitis alérgica”, concluye De Gennaro.