Aparatos en stand by: los vampiros de la energía

Al estar enchufados pero no prendidos, los artefactos eléctricos del hogar o la oficina consumen grandes cantidades de energía.

Los subsidios en las facturas de electricidad hacen que los costos que pagan los usuarios todos los meses sean bajos, pero al momento de analizar en detalle el consumo llama la atención un considerable número de kilovatios por hora. Ese gasto de energía corresponde a los artefactos enchufados pero no apagados, es decir en stand by.

Dejar el reproductor de DVD y el horno microondas enchufados para ver la hora en el reloj o tener el televisor siempre conectado para usar el control remoto puede parecer una cuestión simple de todos los días pero el costo económico y ambiental que implica es considerable.

“El consumo es bajo pero lo que ocurre es que está activado las 24 horas del día. Al integrar eso a una factura bimestral es una energía claramente visible. Es energía que se consume mientras el aparato espera que vos los enciendas. El equipo no está preparado para ser desenchufado”, sostiene Claudio Damiano, gerente de Normas del Ente Nacional Regulador de Electricidad (ENRE).

Muchos de los equipos se mantienen prendidos por que al tener reloj si se los desenchufan se desprograman. Los avances de la tecnología todavía no han logrado eliminar este gasto eléctrico generado por el stand by pero si lo han reducido. Los equipos más nuevos consumen menos kilovatios que los convencionales y un buen ejemplo son los televisores.

“Los modelos más viejos que funcionan con tubo cuando están en stand by mantienen un consumo sobre una parte energizada para que al momento de prender el equipo la pantalla se prenda rápidamente. Tener la imagen dos minutos después de prendida la TV no le cambia en nada a la persona por lo que se lo podría tener desenchufado”, afirma José Svarinsky, responsable técnico de la empresa J y S Electronics.

Por otro lado, desde el diseño de los aparatos tampoco está contemplada la opción de desenchufarlos ya que la mayoría no cuenta con un botón para apagarlo manualmente o el mismo no es de buena calidad. “Solamente hay algunas marcas más caras que incorporan la posibilidad de apagar el equipo desde el frente. El botón tiene que ser bueno porque se lo va a usar mucho y sino se rompe y su arreglo es caro”, agrega Damiano.

Otro tanto ocurre con los monitores de las computadoras, los cuales convendría apagar por completo. Los equipos cuentan con un botón de tres posiciones: encendido, stand by y apagado. Por ende, en la mayoría de los casos no es siquiera necesario desenchufar el aparato. “En muchas oficinas quedan las computadoras prendidas todo el día, incluso cuando los empleados se van”, resalta Svarinsky.

Toma de conciencia, la mejor solución

Con sólo apretar un botón, alcanza para modificar la actitud en relación al medio ambiente y para colaborar en el ahorro energético. Sin embargo, son todavía pocos los que pueden salir del lugar de comodidad del control remoto. “La luz roja del stand by es un recordatorio permanente de que hay que mantener una conducta austera y cuidadosa con el uso de la energía”, sostiene Damiano.

Como seguramente lleve un tiempo el cambio de actitud de todos, ya existen iniciativas para evitar el despilfarro de energía. Desde la Asociación Electrotécnica Argentina (AEA), confirmaron a Notio que el IRAM está trabajando en una normativa para reducir el consumo de los aparatos eléctricos en stand by. Además, existe la nueva norma ISO 5001 de gestión de energía de las empresas.

“Los empresarios tienen que cumplir con pautas en la fabricación de los productos y demostrar que es lo que hacen para que los mismos consuman menos energía”, afirma Héctor Ruiz, presidente del Comité de Estudio de Eficiencia Energética de la AEA.

Si bien todavía no están en el mercado local, en Europa se comercializa un modelo de zapatilla eléctrica que corta el suministro energético a los aparatos cuando detecta que están en situación de stand by. Existe un modelo para un artefacto único como la TV y otro universal con varias tomas de corriente.

Discriminación y obesidad, un nuevo patrón cultural

El aumento de personas obesas viene acompañado por numerosos casos de discriminación. 53% de los argentinos padece sobrepeso u obesidad.

Fealdad, asexualidad, falta de voluntad, irresponsabilidad y holgazanería. Estos son sólo algunos de los atributos con los que son vinculadas las personas gordas y obesas todos los días en diversos ámbitos. Actualmente más del 53% de los argentinos tiene sobrepeso u obesidad y a pesar de ser una enfermedad cada vez más presente también lo es la discriminación hacia los que la padecen.

Una investigación llevada adelante por la Universidad de Arizona (EE.UU.) reveló que dos décadas atrás las personas obesas tenían desventajas solamente en el país del norte mientras que otros países, incluida la Argentina, se mantenían aisladas de esta tendencia. Sin embargo, desde 1980 la discriminación amenaza con convertirse en un nuevo patrón cultural en todo el mundo.

“Ser discriminados afecta fuertemente la autoestima, contribuye al aislamiento y muchas veces no lleva a buscar bajar de peso. La ansiedad por las dificultades de la vida moderna y la comida chatarra de baja calidad han llevado a un aumento de las personas con sobrepeso. Los obesos no ameritan juicios estéticos”, sostiene Lía Ricón, psicóloga miembro de la Sociedad Psicoanalítica Argentina.

La investigación de la universidad estadounidense reveló que en la estigmatización de la gordura no existe mayor diferencia por sexo ni edad, aunque sí por nivel educativo, ya que en el nivel más alto se la considera socialmente incorrecta. Las principales desventajas observadas en el estudio en las personas obesas son sueldos bajos, peor salud y más probabilidades de ser despedidos.

Las denuncias por discriminación son recibidas principalmente por el Instituto Nacional Contra la Discriminación, Xenofobia y el Racismo (INADI). La persona puede ingresar al sitio web del organismo e imprimir un formulario para completar y luego entregar en alguna de las 23 delegaciones. Además, se reciben denuncias y consultas en la línea gratuita 0800.999.2345.

Las estadísticas oficiales del INADI marcan una poca cantidad de denuncias recibidas de este tipo de discriminación. En el 2009 fueron 22, en el 2010 bajó a 9 y en lo que va de este año hubo solamente 8 casos. Sin embargo, esto no indica que el fenómeno no este presente. Todo lo contrario.

“Los obesos no se toman la molestia de denunciar por que les da vergüenza. Se sienten culpables de su condición y no lo toman como una enfermedad. Todos tenemos que aprenden a convivir con el otro y a entender la diversidad, para así poder ir eliminando los mitos y prejuicios que derivan en prácticas discriminatorias”, considera Pedro Mouratián, interventor del INADI.

El organismo también ofrece un área de resolución rápida de conflictos donde se invita a una mesa de trabajo a las dos partes involucradas y se trata de llegar a un acuerdo. El objetivo es que se repare al sujeto que se sintió discriminado. Muchos de los casos que eligen este camino son resueltos satisfactoriamente.

“El argentino tiene una mirada poco contemplativa hacia los obesos. Desde el INADI queremos dar un discurso inclusivo dirigido a toda la sociedad. Se tiene que entender que la obesidad es una enfermedad y las personas obesas necesitan un tratamiento adecuado” agrega Mouratián.

La obesidad, una enfermedad en crecimiento

Las últimas encuestas e investigaciones demostraron que la obesidad y el sobrepreso son un problema global en crecimiento y la Argentina no es la excepción. La reciente encuesta de nutrición y salud reveló que el 25% de las mujeres jóvenes tiene sobrepeso y el 20% obesidad.

“Vivimos en una sociedad altamente obesogénica. Tenemos todo el tiempo estímulos ambientales a través de la industria alimentaria que nos ofrece comida con muchas calorías. Son alimentos ricos, más económicos y fácilmente accesibles para el consumo. La alimentación está muy atravesada por la cultura”, evalúa María Inés Somoza, jefa del área de nutrición de la Fundación Favaloro.

Por definición, el sobrepeso es el aumento de peso corporal en relación a la talla mientras que la obesidad es un incremento excesivo de la grasa corporal. El mismo generalmente está distribuido en la zona abdominal y genera problemas cardíacos y metabólicos en la salud del individuo. Existe una predisposición genética a poseer la enfermedad pero, según los especialistas, el principal causante es la influencia del ambiente.

“El tratamiento es un cambio en el estilo de vida. Se fracasa o se tiene éxito de acuerdo a los objetivos que se propone. Al bajar un 10% de peso ya se está mejor metabolitamente. No alcanza con sólo hacer dieta sino que se debe abordar la enfermedad de manera íntegra. Hay que reeducar alimentariamente a la persona”, concluye Carlos González Infantino, jefe del área de nutrición del Hospital de Clínicas José de San Martín.